El radón es un gas radiactivo de origen natural; se produce
por la descomposición del uranio-238 que a su vez se desintegra
en el radio-226 y éste en el radón-222 (ver la figura
1). Esto tiene lugar en el seno de la corteza terrestre por ser el
uranio-238 un elemento presente en pequeñas cantidades en muchos
tipos de rocas, suelos y materiales. De estos materiales el gas radón
emigra hacia la atmósfera y, una vez en ésta, se dispersa
y se desintegra en sus descendientes (también radiactivos),
que se adhieren a las partículas que están siempre presentes
en el aire (aerosol atmosférico).

Figura 1. Series radiactivas naturales
La toxicidad del radón es debida a su radiactividad, ya que
es un emisor de partículas a (He++) que producen ionizaciones
en el seno de la materia celular. Según publicaciones especializadas
de Estados Unidos, el radón es la segunda causa de cáncer
de pulmón en este país; solamente el tabaquismo produce
más muertes.
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Efectos de
las radiaciones ionizantes sobre la salud
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Dado que, como se ha dicho, el radón genera partículas
que producen ionizaciones (es decir, se trata de una contaminación
radiactiva), sus posibles efectos sobre la salud estarán relacionados
con los de las radiaciones ionizantes con la particularidad de su entrada
a través del aire alveolar.
El conocimiento de los efectos de las radiaciones ionizantes sobre
los seres vivos, se ha obtenido gracias a la experimentación
tanto in vivo (animales de laboratorio) como in vitro (cultivos celulares),
y también al estudio de las lesiones producidas por las radiaciones
ionizantes sobre las personas (exposición a bombas atómicas
o lluvia radiactiva, accidente de Chernobil y aplicaciones terapéuticas).
La acción de las radiaciones ionizantes sobre los organismos
vivos es de carácter probabilístico y no selectivo; es
decir, que la interacción puede o no producirse y que la transferencia
de la energía de la radiación no tiene predilección
por ningún componente de la célula, sino que puede actuar
en cualquiera de ellos.
La energía producida por las radiaciones ionizantes es absorbida
por las células muy rápidamente, (en un tiempo de 10-7
segundos) causando unas lesiones que no son específicas, es decir,
no se pueden distinguir de las causadas por otros agentes físicos
o químicos. Estos cambios producidos por las radiaciones ionizantes
en las células son siempre de tipo lesivo, suponen una alteración
de los procesos normales de las mismas y además no se presentan
regularmente de forma inmediata, sino que pueden tardar hasta años
en manifestarse. Este tiempo es el que se denomina periodo de latencia.
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Mecanismos
de acción de las radiaciones sobre las células
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Las radiaciones ionizantes actúan sobre las células siguiendo
dos posibles mecanismos: la acción directa y la indirecta.
La acción directa se produce como consecuencia de la absorción
de la energía de la radiación por la célula directamente
a nivel de unas estructuras clave o blanco.
Estas estructuras pueden ser macromoléculas, tales como el ADN,
el ARN, enzimas y proteínas, bien estructuras del núcleo
(cromosomas, nucleolo, membrana) o orgánulos citoplasmáticos
(ribosomas, mitocondrias, membrana celular). La absorción de
la energía de la radiación produciría ionizaciones
y excitaciones a nivel de estas estructuras que podrían desembocar
en un daño celular. (ver las figuras 2 y 3).

Figura 2

Figura 3
La acción indirecta de las radiaciones ionizantes es la absorción
de la energía de la radiación por las moléculas
de agua, elemento del que están constituidos mayoritariamente
la célula y los seres vivos en general. El agua se disocia produciéndose
iones y radicales libres muy reactivos, pudiendo reaccionar entre sí
o con otros compuestos. Como consecuencia de ello se alteran las propiedades
físicas y químicas del medio intracelular, llegándose
a interferir los procesos metabólicos normales de la célula.
La absorción de la energía de la radiación ionizante
por el agua, se realiza creándose un par de iones HOH+ y HOH-
según el siguiente esquema:
HOH + RI ® HOH+ + e-
HOH + e- ® HOH-
Los dos iones producidos por las reacciones anteriores son inestables
y se rompen rápidamente dando lugar a radicales libres (H+ y
OH-) que contienen solo un electrón orbital no emparejado, lo
que, como se ha dicho los hace fuertemente reactivos. El par de iones
puede reaccionar entre sí formando una molécula de agua,
con lo cual el efecto sobre la célula será nulo, o bien
puede reaccionar químicamente con otras moléculas generando
productos dañinos para la célula, como puede ser la formación
de agua oxigenada
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El radón
como fuente de radiación
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La población en general está expuesta a radiaciones ionizantes
de origen natural y artificial. Estas últimas, provenientes en
su mayoría de actividades médicas, no se van a comentar
en esta NTP.
Las fuentes naturales de radiación son la radiación cósmica
y de la corteza terrestre, los materiales de construcción, los
materiales radiactivos que existen en el organismo y en los alimentos,
tales como el carbono 14, el potasio 40 o el tritio.
El radón y el torón son dos gases radiactivos que proceden
de la desintegración del uranio y que se encuentran de forma
natural en la atmósfera. En España la dosis media procedente
del radón es de 1,2 mSv al año, pudiendo alcanzar valores
de hasta 40 mSv en determinadas zonas. Estas dosis se reciben sobre
todo en el interior de los edificios, ya que en el exterior se dispersa
en el aire. El valor medio depende de las características de
la zona en la que se viva, de los materiales de construcción
empleados y de la ventilación de los locales.
De todas las fuentes naturales de radiación, la más importante
es la que proviene de las emanaciones naturales de radón, siendo
también la más controlable, pudiéndose evaluar
los posibles riesgos derivados de la inhalación de radón
y sus descendientes.
Las contribuciones de las distintas fuentes de radiación a la
dosis equivalente anual que recibe una población se pueden resumir
en la tabla 1. Aunque debe tenerse en cuenta que estos datos pueden
variar de unas zonas a otras del planeta, en ella se constata la importancia
relativa del radón como fuente radiactiva, además de la
relación entre las fuentes naturales y las artificiales.
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Fuentes
radiactivas
|
Proporción
del total
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Dosis promedio
mSv
|
| Fuentes naturales |
| Radón |
47 % |
1200 |
| Interna (K40) |
12 % |
300 |
| Gamma (Corteza terrestre) |
14 % |
350 |
| Cósmica |
10 % |
250 |
| Torón |
4 % |
100 |
| Total de fuentes naturales |
87 % |
2.200 |
| Fuentes artificiales |
| Tratamientos médicos |
12 % |
300 |
| Depósitos radiactivos (lluvia, polvo) |
0,4 % |
100 |
| Miscelánea |
0,4 % |
10 |
| Ocupacional |
0,2 % |
5 |
| Total fuentes artificiales |
13 % |
325 |
| Total todas las fuentes |
100 % |
2.525 |
Según los datos de la tabla, la contribución más
importante procede de las fuentes naturales, el 87%, mientras que las
radiaciones artificiales contribuyen con un 13%. De todas las fuentes
naturales la del radón es casi un 50% de la dosis equivalente
total.
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Mecanismos
de actuación del radón
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Los estudios experimentales realizados con animales que han sido irradiados,
así como los realizados con personas, que por diversos motivos
han sido sometidas a fuertes dosis de radiación, han puesto de
manifiesto que las radiaciones ionizantes constituyen un agente cancerígeno.
La aparición del cáncer suele ocurrir al cabo de varios
años de haber recibido la irradiación, siendo un efecto
tardío, probabilístico o estocástico. La probabilidad
evidentemente aumenta con la dosis.
Como ya se ha comentado anteriormente, la toxicidad del radón
es debida a su radiactividad; al tratarse de un gas inerte no se metaboliza,
pero sí puede disolverse en los tejidos. Las partículas
a que emite producen ionizaciones en el seno de la materia celular por
poseer una gran energía cinética que se disipa en el seno
de la misma, mediante la creación de iones, de radicales libres
o rompiendo las moléculas clave como puede ser el ADN. Las células
irradiadas pueden experimentar modificaciones profundas llegando ser
destruidas.
El poder de penetración de las partículas a es muy pequeño;
al ser partículas muy pesadas. Si la radiación es externa,
pueden ser detenidas por la epidermis que actúa de blindaje para
el cuerpo, pero si penetran en el organismo por inhalación, que
es lo que ocurre con el radón, quedan detenidas en el tracto
respiratorio cuyos tejidos están mucho menos protegidos que otros,
pudiendo lesionar o destruir sus células. Si se tiene en cuenta,
además, que en un ambiente donde exista radón se encuentran
también sus descendientes, que son metálicos y pueden
quedar fijados en las paredes del sistema respiratorio, las partículas
a que emiten ellos y todos sus descendientes depositan toda su energía
en el pulmón, potenciando la acción del radón disuelto
en los tejidos del sistema respiratorio, y desarrollando con el tiempo
un cáncer de pulmón.
Los primeros trabajos que citan la carcinogenicidad del radón
en animales (ratas y monos) expuestos por inhalación a concentraciones
de 7,5 x 10-7 Ci/l (27,8 x 106 Bq/m3), fueron realizados en 1943. Los
efectos encontrados en estudios posteriores de toxicidad aguda realizados
con los mismos animales durante periodos comprendidos entre tres y siete
semanas y con exposición a concentraciones por inhalación
de radón comprendidas entre 0,0005 y 0,02 mCi/l (18,5-740 x 106
Bq/m3 ), fueron irradiación de todo el cuerpo, congestión
pulmonar y, frecuentemente, parálisis en las extremidades posteriores.
Las radiografías revelaron hiperactividad en piel, en los pulmones
y en las glándulas suprarrenales.
No existen estudios recientes que relacionen los efectos observados
con el estado de equilibrio entre el radón y sus descendientes,
no se disponiéndose en consecuencia de una valoración
cuantitativa de la relación dosis-efecto.
Los estudios epidemiológicos en los que se basa la asociación
entre exposición a radón y cáncer de pulmón,
fueron realizados en trabajadores de las minas de uranio, demostrándose
en la población minera de varios países una incidencia
de cáncer de pulmón 50 veces superior a la de la media
de la población no expuesta. Debido a una ventilación
insuficiente, la elevada concentración de uranio (y como consecuencia
de radio-226), produjo una elevada concentración de radón
y sus descendientes que al ser inhalados generaban cáncer de
pulmón. Aunque en un principio se asoció el cáncer
solamente a la inhalación de materia sólida, posteriormente
se constató la importancia del gas en la inducción de
la enfermedad. El periodo de latencia de la enfermedad se estableció
en 20 años.
(1) IARC (INTERNATIONAL AGENCY FOR RESEARCH ON CANCER).
Man-made Mineral Fibres and radón.
IARC, Lyon, France, 1998, vol. 43, p. 173-241.
(2) PHILLIPS, P.S., DENMAN, A.R.
radón: a human carcinogen.
Sci. Prog. vol. 80, p. 317-336 (1997).
(3) GARZÓN, L.
Radón y sus riesgos.
Universidad de Oviedo. Servicio de Publicaciones, 1992.
(4) CHOEN, B.L.
Questionnarie study of the lung cancer risk from radón in
homes.
Health Phys, vol. 72, p. 615-622 (1997).
Redactora:
Adoración Pascual Benés
Ingeniero Técnico Químico
CENTRO NACIONAL DE CONDICIONES DE TRABAJO